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La Batalla de Gijón: Un evitable fracaso republicano en la costa asturiana

La Batalla de Gijón: Un evitable fracaso republicano en la costa asturiana

La Guerra Civil Española fue un conflicto sumamente complejo, lleno de subidas y bajadas entre las dos partes en contienda: el bando nacional y el bando republicano. Sin embargo, en ciertas ocasiones, las lamentaciones, confusiones y terquedades de ambos bandos llevaron a derrotas que podrían haber sido evitables, y una de ellas fue la Batalla de Gijón. Esta batalla tuvo lugar el 19 de octubre en 1937 en la costa asturiana, en una localidad con un alto significado estratégico para ambos bandos, que resultó en un fuerte varapalo para las fuerzas republicanas.

El contexto histórico de los días que lideraron a la Batalla de Gijón fue marcado por la gran ofensiva que se llevó a cabo por las fuerzas nacionales durante el verano y principios de otoño de 1937, con el objetivo de finalmente conquistar el territorio vasco y asturiano. A finales de septiembre las tropas del general Yagüe habían tocado a las afueras de Oviedo, lo que significaba una seria amenaza para las fuerzas republicanas, que acogían las fuerzas insurgentes.

En los días previos a la Batalla de Gijón, el general Emilio Herrera, comandante de la XVII Brigada Mixta, decidió poner en marcha una ambiciosa y casi imprudente estrategia para aprovechar la ofensiva repúblicano-asturiana lanzadas semanas antes, y tratar de ser más rápidos que los avances del bando nacional.

En su afán por llevar la iniciativa, las fuerzas republicanas avanzaron en dos frentes por la costa, llegando rápidamente a Cimavilla y el puerto de Gijón. Sin embargo, en un error de cálculo, las fuerzas republicanas no habían prestado atención a la ruta costera que tuvieron que tomar para llegar a los objetivos, que era vulnerable a los bombardeos navales. El general Herrera no había tomado las suficiente precauciones con el puerto, lo que dejó varios barcos republicanos expuestos a la artillería desde tierra, y comprometió su capacidad para reforzar a las fuerzas en tierra.

El 19 de Octubre las tropas nacionales comenzaron los bombardeos al puerto de Gijón, que no solo supuso una gran pérdida para las fuerzas republicanas, sino que también impidió cualquier posibilidad de conquistar el puerto y el centro de la ciudad. Los soldados se encontraron con una ciudad en llamas, repleta de problemas y con una logística complicada.

La Batalla de Gijón resultó en una derrota absoluta para las fuerzas republicanas, que perdieron más de lo pudieron ganar. Emilio Herrera fue desestabilizado por la iniciativa, como así lo ha evidenciado la historia, dicha actuación pudo haber sido una de las principales causas del fracaso de la batalla. Muchas crónicas coinciden en que la ofensiva en Gijón fue más un acto de voluntad y fuerza que una fría evaluación de las capacidades de ambos bandos.

En resumen, la Batalla de Gijón fue un fracaso para las fuerzas republicanas que pudo haber sido evitado. La iniciativa lanzada sin un plan adecuado, la falta de previsión respecto a la valoración de las capacidades del bando nacional y la exposición al fuego naval resultó en la pérdida de una fuente de apoyo clave en la región. A pesar de la valentía y determinación que las fuerzas republicanas demostraron en aquel combate, las adversidades se volvieron en su contra.

En conclusión, la historia de la Guerra Civil Española está repleta de batallas, algunas de las cuales fueron sumamente dolorosas y reveladoras para los dos bandos enfrentados. La Batalla de Gijón fue uno de esos momentos dolorosos, pero también un ejemplo perfecto de cómo la determinación sin un plan sólido puede resultar en una inútil pérdida de vidas y recursos. Aunque las circunstancias históricas fueron las que fueron, no hay duda de que se aprendieron valiosas lecciones de la Batalla de Gijón que han servido como ejemplo para muchas estrategias militares posteriores.