1936.es.

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La partición del territorio: la lucha entre las diferentes facciones guerrilleras

La partición del territorio: la lucha entre las diferentes facciones guerrilleras

Durante la Guerra Civil Española, la lucha no solo se dio en los frentes de batalla, sino también en el territorio controlado por las diferentes facciones guerrilleras. Desde el inicio del conflicto, se formaron grupos armados que se encargaron de luchar contra el ejército franquista desde la clandestinidad. Estos grupos guerrilleros tenían como objetivo la toma del poder y la instauración de un régimen socialista, comunista o anarquista, dependiendo de la ideología de cada grupo.

A medida que la guerra avanzaba y la victoria franquista se hacía más evidente, las diferentes facciones guerrilleras comenzaron a disputarse el control del territorio. La partición del territorio se convirtió en una lucha encarnizada y despiadada entre los distintos grupos, que buscaban expandir su influencia y su poder.

Una de las facciones guerrilleras más importantes fue la de los comunistas. Contaron con el apoyo de la Unión Soviética y se organizaron en brigadas internacionales. Su objetivo era el control de las zonas urbanas, donde podían establecer bases para la lucha contra el franquismo. Los comunistas también controlaban algunas zonas rurales donde se dedicaron a eliminar a los terratenientes y repartir la tierra entre los campesinos.

Otra facción importante fueron los anarquistas. Se caracterizaban por su férrea oposición al Estado y su defensa de la abolición de la propiedad privada. Los anarquistas controlaban algunos núcleos urbanos, como Barcelona y Valencia, y se destacaron por la organización de colectividades que se encargaban de la producción y distribución de bienes y servicios.

La CNT-FAI, una confederación de sindicatos anarquistas, fue uno de los principales grupos guerrilleros de la época. Se encontraba en continua confrontación con las fuerzas republicanas y con los comunistas, con los que compartían ideología pero no objetivos. Los anarquistas se caracterizaban por su acción directa y su oposición a la burocratización de la lucha.

Otro grupo importante fueron los nacionalistas vascos, que formaron el Ejército Vasco de Liberación (EML). Se trataba de un grupo netamente independentista que buscaba la creación de un Estado vasco. Aunque los nacionalistas vascos habían apoyado al gobierno republicano, como parte del pacto de San Sebastián, a partir de 1937 se alejaron del bando republicano y comenzaron a luchar por su cuenta. Los nacionalistas vascos controlaban algunas zonas del País Vasco y Navarra.

Por su parte, los nacionalistas catalanes también formaron su propio grupo guerrillero, los Comités de Defensa de la República (CDR). Este grupo se centró en la defensa de la Generalitat de Cataluña y el control de las zonas rurales de la región. Los CDR se enfrentaron en varias ocasiones con los comunistas y los anarquistas, y en algunos casos colaboraron con las fuerzas franquistas.

La partición del territorio también se dio entre los grupos guerrilleros del propio bando republicano. El Ejército Popular de la República (EPR) era el ejército regular del gobierno republicano, pero coexistía con otros grupos paramilitares que también luchaban por el mismo bando. Uno de estos grupos fue el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), un partido comunista disidente que se había opuesto al Pacto de No Intervención y que había llevado a cabo una revuelta en Barcelona en mayo de 1937. Los comunistas y el gobierno republicano acusaron al POUM de ser un partido trotskista y lo calificaron de fascista, lo que le valió su prohibición y una persecución sin cuartel por parte de los servicios de seguridad republicanos.

Por otro lado, en el territorio controlado por las fuerzas franquistas también se formaron grupos guerrilleros que llevaban a cabo acciones de sabotaje y resistencia. Estos grupos, en su mayoría falangistas y carlistas, se dedicaban a hostigar a la población que se había opuesto al franquismo y a eliminar a cualquier persona que consideraran peligrosa para el régimen.

En definitiva, la partición del territorio fue una lucha encarnizada entre las diferentes facciones guerrilleras que se disputaban el control de las zonas urbanas y rurales. Esta lucha por el territorio demostró que la Guerra Civil Española no fue solamente un conflicto entre dos bandos, sino una lucha interna en la que las diferentes ideologías y grupos buscaron la instauración de un régimen acorde con sus objetivos políticos.